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El peso oculto del guardapolvo blanco: la encrucijada emocional entre el médico y el paciente

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En un hospital de urgencias, la escena sucede en el servicio de pediatría. Detrás de una puerta entornada y con familiares ausentes, el médico especialista llora en silencio la pérdida de un paciente de pocos años. Minutos antes, tuvo que hacer la tarea más incómoda y desagradable: comunicar a unos padres devastados aquello que nadie quiere escuchar. En soledad, el profesional deja salir toda la angustia que le provoca aquel conflicto silencioso que se juega entre el dolor por la pérdida y la frustración por la derrota de la enfermedad.

Esta imagen pone de relieve la estrecha frontera que divide a la ciencia de la vulnerabilidad humana. Los profesionales de la salud han sido siempre la foto de la infalibilidad, pues siempre se espera de ellos respuestas rápidas, exactitud precisa en el diagnóstico y emociones controladas.

La realidad es que cuando los recursos emocionales del profesional están al límite resulta difícil gestionar el dolor ajeno y un esfuerzo gigante mantener una templanza inalterada.

¿Qué es el síndrome de Burnout en los profesionales de la salud?

Las facultades de ciencias de la salud enseñan la importancia de mantener la objetividad a través de «la distancia terapéutica». Sin embargo, la acumulación crónica de estrés a menudo conduce al síndrome de burnout, una patología reconocida por la Organización Mundial de la Salud que se construye sobre tres frentes destructivos que gradualmente desarman a los profesionales en lugar de golpearlos repentinamente. Primero, el agotamiento emocional llega como una sensación interior de haber drenado las reservas y nada más que dar.

En última instancia, la despersonalización hace que el médico se distancie objetivamente, mostrando un desapego frío, pero surge como un recurso de adaptación para gestionar la crisis y el agotamiento, y ya el paciente no es visto como una persona , sino simplemente como «cama 4» o «el análisis pendiente». Finalmente, la insatisfacción profesional termina con la vocación, infundiendo una frustración crónica con un sistema que se conoce fallido.

Esta aparente indiferencia por parte del profesional rara vez es un acto de crueldad; más bien, es un esfuerzo desesperado de la mente para evitar romperse.

La vulnerabilidad del pedestal

El paciente que normalmente llega a la consulta es alguien que concurre en un estado de vulnerabilidad, asustado y muchas veces angustiado. Es por lógica natural buscar una figura de autoridad que pueda otorgarle aquella seguridad perdida. El conflicto se presenta cuando olvidamos que el profesional también lleva a cuestas su historia personal, su cansancio luego de cirugías interminables, presiones propias del sistema de salud, todos ellos factores que influyen en el entorno clínico.

La habilidad olvidada en la formación: la comunicación de malas noticias.

La comunicación de un fallecimiento o un diagnóstico desfavorable es uno de los  momentos más difíciles de afrontar para el profesional. Sabe que su decir va a cambiar para siempre el entorno del paciente. El tiempo se detiene y es el momento en que, en un breve lapso de tiempo, tendrá que gestionar el dolor ajeno y su propio dolor ante la frustración que sobreviene por la derrota frente a  la enfermedad. La carga emocional es muy alta y la presión del sistema le exige rapidez para seguir con el siguiente. El estrés emocional es alto.

Lo grave de esta circunstancia es que en la mayoría de los casos el médico no ha sido formado en las habilidades blandas que se requieren, tanto para saber comunicar como para procesar debidamente (sanamente, diría yo) la oleada emocional que provoca el momento. Si bien algunas instituciones realizan talleres específicos para comunicar malas noticias[1], y algunas especialidades como Cuidados Paliativos los incluyen, están dirigidos al médico como un posgrado y no como una materia obligatoria dentro de la carrera.

Sigue siendo una deuda del sistema educativo que, al menos en Argentina, continúa teniendo una orientación centrada en las enfermedades, la medicación y lo estrictamente anatómico.


[1] https://www.fundacionmedife.com.ar/conocer/finochietto/ComunicarMalasNoticias

¿Cómo contrarrestar el desgaste? Estrategias para sostener a los que cuidan

Hay ciertas prácticas que, desarrolladas en forma habitual, pueden mitigar el estrés emocional; si bien no hay soluciones mágicas, la práctica demuestra que pueden descomprimir el impacto recibido.

«Debriefing» emocional: “Es una técnica de intervención psicológica breve que se realiza justo después de un evento altamente estresante o traumático[1]”. Se realiza como prevención de la fatiga y el Bernout. Son reuniones guiadas de 30 a 60 minutos donde se abordan los hechos, las reacciones emocionales, los síntomas (si los hubiera) y se cierra con el aprendizaje y los cuidados a tener. Es altamente beneficioso para poder comprender que el fallecimiento del paciente es parte del ciclo natural de la vida o un desenlace clínico y no una derrota personal, aprender a dejar el peso de lo emocional en el hospital y no llevarlo a casa y no sentirse solo, pues hay un equipo que acompaña en el dolor.

Defusing: Es igual que el debriefing pero más corto, tal vez 10 minutos inmediatamente después del evento, se junta el equipo en un pequeño espacio, se “revisan” las emociones entre sí (¿Cómo estamos?) y se sigue.

Desmitificar la infalibilidad: Es importante saber reconocer los límites personales, poder decir “hasta acá llegué”. Es un acto de responsabilidad saber en qué momento debe pedir asistencia o ayuda psicológica cuando se siente desbordado.

Hacer pequeñas pausas: Poder hacer pequeñas pausas entre pacientes, sobre todo cuando el paciente es crítico, para cortar tempranamente la respuesta al estrés.


[1] https://universidadeuropea.com/blog/debriefing/

Hacia una medicina más humana para todos

Se hace imperativo implementar espacios de cuidado para el personal de salud, espacios psicológicos de contención, reuniones frecuentes donde se revise lo emocional del personal y se debata la formación de estructuras que respeten el descanso. Donde la compasión no sea un riesgo laboral y donde llorar detrás de una puerta no sea un acto de debilidad, sino el reflejo más noble de nuestra propia humanidad

Lograr que las autoridades incluyan materias obligatorias donde se trabaje el mundo emocional del futuro médico para que pueda curar con empatía.

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