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Caballos de Troya microscópicos: la nanotecnología que redefine la lucha contra el cáncer

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Imaginar la batalla contra el cáncer suele evocar la idea de una guerra masiva, pues desde hace mucho tiempo hemos escuchado hablar del bombardeo con fármacos que eliminan las células malignas junto con las sanas de alrededor.

Sin embargo, en laboratorios de todo el mundo se gesta una revolución silenciosa que propone cambiar los ataques masivos por intervenciones quirúrgicas de precisión milimétrica. O, mejor dicho, nanométrica.

Me estoy refiriendo a los nanochips y nanodispositivos médicos, una tecnología en fase de desarrollo que promete transformar la oncología moderna. Para tener una idea del tamaño, vale hacer un ejercicio rápido: un nanochip puede ser unas 1.000 veces más delgado que un solo cabello humano. A ese nivel microscópico, las leyes del mundo visible cambian por completo y los límites de la medicina se expanden.

Misión: Detectar y destruir sin dejar rastro

¿Por qué enviar un «vehículo» tan diminuto a través del torrente sanguíneo? Principalmente para resolver dos de los mayores dolores de cabeza de la medicina actual, una es la detección temprana y la otra la altísima toxicidad de los tratamientos.

Estos dispositivos funcionan, en primer lugar, como sensores ultrasensibles. Recorren la sangre para investigar y reconocer rastros mínimos que deja el tumor —como fragmentos de ADN o proteínas específicas— mucho antes de que una ecografía o una tomografía muestre la masa tumoral y tal vez ya sea tarde.

Además, actúan como auténticos «caballos de Troya». Llevan el fármaco escondido en su interior viajando blindados sin liberarlo de forma indiscriminada (tal como hacen los fármacos actuales que se distribuyen masivamente). Gracias a ciertas “llaves”’ químicas llamadas receptores en su superficie, toma contacto con la célula tumoral que muestra también en su superficie la “cerradura” exacta para esa llave. Se abre entonces para introducir el fármaco de manera que sólo sea letal para la célula tumoral sin dañar tejido sano.

Teledirigir un proyectil a una sola célula

—La verdad es que el gran paradigma de la quimioterapia clásica —advierte la Dra. Elena Albarracín, especialista en Nanobiotecnología e investigadora del Centro de Nanomedicina Avanzada— es que para terminar con las células dañadas terminamos envenenando, aunque sea de forma temporal, a todo el cuerpo.

La experta aclara que el objetivo no es diseñar fármacos más potentes, sino dotar de inteligencia a los actuales. La idea, según explica, es que la droga «flote de forma inofensiva por la arteria» y logre «despertar» únicamente cuando detecte el tejido tumoral.

El gran dilema es saber qué pasa con la eliminación posterior

Si introducimos tecnología en el cuerpo humano, la duda salta a la vista de inmediato, nos preguntamos qué sucede con el nanochip al terminar la “misión”. En los papeles, la respuesta es simple: el dispositivo debe biodegradarse. Pero en el día a día del laboratorio, este punto representa el verdadero cuello de botella.

«No basta con decir ‘es biodegradable'», advierte la Dra. Albarracín. «El desafío no es solo que el nanochip cumpla su función y se rompa, sino asegurarnos de que los fragmentos no saturen el hígado ni gatillen una reacción inmunológica. Por eso los ensayos clínicos demoran años: debemos garantizar el ‘riesgo cero’ de acumulación a largo plazo».

Un futuro en construcción

Si bien es cierto y maravilloso que los resultados en ensayos de laboratorio y modelos preclínicos son más que prometedores, la ciencia prefiere avanzar con cautela. La nanomedicina avanza al mismo ritmo de la escala en la que trabaja: milimétrica, paciente y precisa.

Estamos en las puertas de una era donde la medicina no solo curará más, sino que lo hará de la manera más sutil e imperceptible posible.

Referencias

  • Shi, J., Kantoff, P. W., Wooster, R., & Farokhzad, O. C. (2017). Cancer nanomedicine: progress, challenges and opportunities. Nature Reviews Cancer, 17(1), 20–37.
  • Soo Choi, H., et al. (2007). Renal clearance of quantum dots. Nature Biotechnology, 25(10), 1165–1170.
  • Danhier, F., et al. (2012). PLGA-based nanoparticles: An overview of biomedical applications. Journal of Controlled Release, 161(2), 505–522.

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